Puede que el diseño original de un baño estuviera cargado de buenas intenciones, pero es que a veces es el camino al infierno. El infierno de las cortinas de baño. ¿Alguna vez has tenido que ducharte rodeado de ese infame trozo de tela húmedo y, por descuido, mohoso?
Pues eso era lo que había aquí. Una vecina tenía un piso para alquilar que estaba bastante bien: espacioso, luminoso, bien distribuido, con su plaza de garaje y hermosas vistas. La única fuente de problemas eran la ducha y la bañera respectivas de los dos cuartos de baño.

La bañera tuve que sellarla muchos meses después, pero esa fue otra historia (y un presupuesto aparte). Esta vez se trataba de algo más urgente: había que cambiar la dichosa cortina de baño por una mampara curva. El problema era que faltaba pared donde poner uno de los lados, no se podía instalar así.

La solución que acordé con ella fue construir una estantería resistente a la humedad que la sostuviese. Usé perfilería de drywall y placa hidrófuga para armar la estructura. En el lado que iba a quedar dentro del recinto de la ducha pegué lámina impermeable. Todas las juntas las sellé cuidadosamente con poliuretano.

Cubrí las superficies con el azulejo más parecido que encontré al que ya tenía puesto el baño. La mampara se dejó instalar bastante bien. Completé el sellado con silicona transparente, bien repasada para que no diera fugas.

